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domingo, marzo 3, 2024

                 

              Apologistas de la inseguridad

      Guerra mediática con origen perverso

           Y también con claros destinatarios

 

Si el propósito de algunos aprendices de  guerras mediáticas o de políticos de medio pelo es intentar criminalizar a las corporaciones de seguridad pública de la zona metropolitana, lo único que terminarán logrando es victimizarlas, ya que pretender hacer una apología de la inseguridad y señalar selectivamente el comportamiento de algunas instituciones  con el solo fin y objetivo de desprestigiar a las autoridades de donde dependen, no deja de ser parte de una estrategia  y una intención perversa que no tiene límite y que desde hace dos años ha tratado sin éxito alguno denostar y evidenciar a quienes consideran sus enemigos políticos.

La gran revelación

Como si fuera un descubrimiento o la gran revelación, hoy resulta que las instituciones encargadas de la prevención, la investigación y la persecución de los delitos se encuentran infiltradas por el crimen organizado. Lo asumen, lo reinventan y lo divulgan como si fuera una novedad o confesión. Se olvidan que hace un par de meses, de manera insólita, fueron justamente integrantes de la delincuencia organizada quienes a través de las llamadas narco-mantas le pidieron al gobernador del estado poner orden hacia el interior de las policías estatales.

Las interrogantes

Ciertamente desde hace varias semanas, las recurrentes balaceras y atentados en contra de fachadas y vehículos estacionados en domicilios son recurrentes, pero acaso alguien se ha preguntado o alguna autoridad ha mencionado ¿quienes viven en esas casas? ¿Quiénes son sus propietarios o moradores? ¿Se ha dicho si estas familias o alguno de sus integrantes podrían tener alguna relación o vínculo con los grupos que se ostentan como “limpiadores” o se dicen pertenecer a alguna organización criminal? Desde luego que no, eso no interesa, porque de lo que se trata es no aclarar sino engañar, confundir, crear temor y señalar como responsables a sus adversarios políticos, ese es el objetivo y fin.

La pregunta es sencilla:

¿A quién o quienes conviene hacer creer y parecer que la inseguridad o la ola de violencia que se ha desencadenado es solo culpa y responsabilidad de la policía municipal de Soledad de G.S. o de San Luis Potosí, cuya función principal es la de prevenir los delitos del fuero común y no así enfrentar el fenómeno estructural de una delincuencia  que  hace años llegó y resolvió instalarse para quedarse en toda la entidad? O a poco en la Huasteca, en la Zona Media o en el Altiplano no ocurre nada. Lo que sucede es que allá los gobiernos no son “un peligro” para las aspiraciones de muchos que se ven contendiendo en la elecciones del año próximo. ¿A poco no?

¿Y el Mando Único?

Si nos ponemos exigentes, habría que preguntar: ¿De donde salieron los primeros señalamientos cuando se intentó instalar la idea de que la mayor incidencia de hechos delictivos se estaba registrando en la capital del estado y su zona conurbada? Si ese mando de la estructura gubernamental se aventuró a declarar esa versión, ¿porque entonces no preguntar qué pasó o a donde fue a parar el famoso mando único en el que estarían participando las corporaciones federales y estatales? Obvio que tocar ese tema no conviene ni es de interés para algunos y porque,- lógico, las baterías hay que apuntarlas a los municipios pero no a otro lado.

Y que conste

No se trata de proteger, encubrir o justificar la acción de los malos elementos de alguna corporación, porque si comprobado está que incurrieron en actos delictivos, si se involucraron donde no debían, si actuaron con deslealtad y deshonraron a la institución a la que pertenecen, por supuesto que se les debe aplicar la ley y todo el peso de la justicia, pero tampoco es honesto generalizar o acusar porque entonces se corre el riesgo de que paguen justos por pecadores.

Polémica

Mientras tanto, al evento encabezado por autoridades municipales de la zona metropolitana, líderes nacionales y estatales del PRD, algunos mandarines preocupones quisieron darle interpretaciones distintas. Dudaron si se trató de un acto institucional o político, pero jamás intuyeron que simplemente había sido una reacción  inmediata a los embates en contra de los Ayuntamientos gobernados por el Gallardismo, bueno, ¡Hasta Octavio Pedroza! Se fue con la finta, y lo que dijo, tal vez los dijo para presentarse con el manto de la honestidad y protegerse de los señalamientos de traidor que le hicieron los mandos superiores del panismo.

 

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