La cosa es joder

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Dicen que los potosinos somos bien cabrones y que con nada estamos conformes y, pues la verdad sí, ni como negarlo. A pesar de que el domingo 14 de junio la autoridad electoral declaro totalmente válidos e irreversibles los resultados de la elección, las resistencias al cambio persisten, se sienten y se niegan a entender que este San Luis Potosí es y será otro.

Lo primero que hizo el gobernador electo, Ricardo Gallardo Cardona, fue convocar a la reconciliación y a dejar atrás los colores partidistas, a dejar atrás los agravios, las campañas negras y la guerra sucia, sin embargo, se aferran en desprestigiar, en descalificar y en seguir agrediendo. No son capaces de dar vuelta a la página, son inmaduros y saben que moralmente están derrotados.

Una muestra es que días después, salen a medios, sin pudor y sin calidad moral, esa caterva de sujetos vividores de siempre, diciendo que renacerán el Frente Cívico Potosino FCP para crear un contrapeso. Todos sabemos que no serán eso, simplemente porque no les alcanza para más y lo único que harán es estar a jode y jode como el españolito, como siempre.

Pese a que la inmensa mayoría de los sectores de la sociedad potosina se han pronunciado por dejar de lado colores partidistas, demandando que el nuevo mandatario ejerza un gobierno sin distingos, la necedad y la sinrazón se impone. Atacan, agreden, insultan y calumnian desde sus trincheras.

Comprometido tal vez con el medio que lo entrevistó, sale también al redondel el alcalde electo, Enrique Galindo Ceballos para decir que el gobierno municipal será ´´cabeza de oposición´´ y que sería conveniente que la coalición PAN-PRI-PRD-PCP se mantenga para lograr equilibrios y contrapesos.

Mal comienzo. Oposición a que o a quien. La responsabilidad que Galindo tendrá es gobernar y ponerse a trabajar. Si como dice él, que existe un acuerdo no escrito entre la coalición y requiere de ellos para formar un gobierno multicolor, pues será muy su problema si se lleva a panistas, priistas o perredistas a laborar con él, luego no le pidan a Gallardo lo contrario.

En paralelo, y desde sus espacios, algunos intelectuales y académicos hablan de reconfiguraciones, de reacomodos y de un nuevo mapa político, sin embargo, no sugieren y no proponen, quienes o cuales podrían ser los actores o sectores con autoridad moral o política para una eficaz interlocución.

Que el debate público de altura se debe propiciar y que la vieja clase política no cederá y no dejará tan fácilmente el poder y los privilegios, es cierto, pero habría que ver quienes, y hacia donde apuntarán sus intenciones. No serán muchos, son poquillos y en su mayoría solo son tigres de papel.

También, desde su espacio, los oportunistas de toda la vida, esos intelectuales de siempre y al servicio de los mezquinos intereses de la derecha, opinan que, si el nuevo gobierno desea la estabilidad política y social, Ricardo Gallardo deberá tomar en cuenta a los poderes fácticos, a las cúpulas empresariales, a los medios de comunicación, a las organizaciones sociales y a liderazgos que, – según ellos, son contrapeso de los gobiernos.

Si esos acomodaticios que rondan lo que fueron las casas de campaña o los cuartos de guerra de la coalición PAN-PRI-PRD-PCP se refieren a los líderes de algunas cámaras empresariales, a los seudo dirigentes de organizaciones sociales mercenarias o de choque y a esos medios informativos que surgieron con el único fin de hacer política y con ella grandes negocios al amparo del poder, entonces ya la jodimos.

Justo el valor que tiene el cambio reflejado en las elecciones de este 6 de junio pasado, fue precisamente que el nuevo gobierno no esté secuestrado ni que tampoco se convierta en prisionero de todas esas camarillas que mucho daño le ha hecho a San Luis Potosí. Deben entender que el cambio logrado por voluntad y decisión popular llegó y que no tiene reversa.

ENTRE PARENTESIS

Dicen las lenguas viperinas que el felino mayor trae una diarrea de aquellas de Dios padre y que nomás es hora de que no se le para desde el 6 de junio. Y si, se nota. Bueno, ¡hasta las ganas de hablar se le quitaron! …

Hasta pronto