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viernes, mayo 27, 2022

El poder… Algunos lo disfrutan… Otros lo padecen

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Leónidas Fernández

Para algunos gobernantes, alcanzar el poder les significa disfrutarlo a plenitud, – sin embargo, otros, simplemente lo padecen ante el siempre riesgo de cargar con esa herencia de vicios y chantajes, presiones y descomposiciones instaladas en grupos privilegiados que se resisten a los cambios.

Gobernar la ciudad capital no es nada sencillo. Es altamente complejo lidiar con intereses creados y con el comportamiento de figuras, grupos y corrientes que buscan seguir gozando de canonjías y favores ventajosos que otros gobiernos les dieron o simularon no tener conocimiento de ellos.

El actual alcalde, sin temor a equivocarme, es de los que padecen el poder. Enrique Galindo Ceballos se ha visto precisado a cargar con esa herencia histórica y con ese pesado costal que le dejó la anterior administración encabezada por Xavier Nava.

Ya es una regla, que sean los ricos o los grupos económicos dominantes los que están acostumbrados a evadir sus responsabilidades ante el fisco y a no pagar los impuestos, derechos y aprovechamientos del municipio o a organismos descentralizados como el INTERAPAS.

Esos inversionistas que todo lo han logrado con facilidad y que se convirtieron en vulgares traficantes de influencias pululan en el sector poniente de la ciudad, a muchos se les conoce, pero a otros no.

Hay evidencias, de que a ese tipo de rufianes se les han detectado tomas clandestinas de agua que datan de hace años. El ejemplo claro es el del Hotel Ankara&Suites Lomas, propiedad de Mauricio Abud, que construyó una lujosa infraestructura sin pagar un solo centavo por el consumo del agua potable.

Otro caso lo fue el del autolavado El Trapazo ubicado en avenida Chapultepec, propiedad de la familia Stevens Amaro, cuya cabeza se desempeñó como titular de la SEDUVOP, precisamente durante el sexenio de Juan Manuel Carreras López.

Como ellos, existen otros pudientes como el Chato López, que no han pagado ni un quinto al municipio o al INTERAPAS por la explotación, reventa y descarga de las famosas aguas del poniente.

Otro ejemplo que debería avergonzar a los constructores potosinos es el de Alfonso Anaya (hijo) que lotificó y construyó un edificio departamental en una importante superficie en Las Lomas para luego delimitar y vender.

Este sujeto, que nunca pago por licencias de uso de suelo o de construcción se le requirió para que pagara una multa a la cual accedió, sin embargo, a los pocos días regresó al Ayuntamiento con un Amparo en mano para decir: Me la pelan. ¡Vaya Juzgado Federal que se prestó y actuó en complicidad!

Casos, hay muchos. Para fortuna de ellos y para desgracia nuestra, vivimos en una ciudad en la que todo se oculta o se calla. Son demasiado los intereses creados para que un gobierno que se esfuerza y busca hacer bien las cosas imponga su autoridad, pero con algunos debe empezar.

Creo que la vía es desenmascarar a toda esa red de tráfico de influencias y complicidades para por lo menos saber con quiénes se topan los potosinos bien nacidos, digo.

Hasta pronto

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