CAMINANTE
Toño Martínez
Observando las imágenes que transmite cualquier noticiero de televisión o redes sociales sobre los desastres materiales y muerte de personas a causa de las poderosas corrientes de agua que se forman en las calles de cualquier ciudad, lo mismo en México y otros países en tiempos de lluvia, recordé la advertencia que lanzó la doctora Valentina Davidova Beliskaya durante una conferencia que dictó en la Universidad de Nuevo León hace varios años sobre el peligro que significaba junto con el impacto negativo hídrico la pavimentación masiva urbana.
Por ese entonces gerente de Meteorología y Climatología del Servicio Meteorológico Nacional de la Comisión Nacional del Agua, Davidova Belitskaya dijo que esa técnica propia de la modernización reduce la fricción e impermeabiliza el suelo acelerando las corrientes hasta convertir las calles en caudales de alta velocidad extremadamente peligrosas para la población.
El aviso se cumplió a la par con el desarrollo urbano, sobre todo porque la presentación comprende incluso arroyos, ríos y corrientes naturales como es el caso del rio Santiago en la Capital del Estado (San Luis Potosí ) colonias de Ciudad Valles como las colonias «Magisterial», «Francisco Villa»,
«Morelos y Pavón», «Hidalgo», «Villa Real de Santiago» donde una corriente natural dejó un sector de casas sin venderse porque se inundaban cada temporada de precipitaciones pluviales.
Pero no es todo lo que esta infraestructura provoca ya que tiene graves repercusiones para el abasto de agua a los núcleos urbanos. El pavimento sea asfalto pero principalmente concreto hidráulico, impide que se filtre el agua a los mantos freaticos, la recarga de acuíferos y que este recurso vital para la vida escasee.
El costo que estamos pagando en aras de la comodidad urbana y calidad de vida, es demasiado alto para que los gobiernos en sus tres niveles prioricen su atención y busquen con urgencia alternativas.











