Con Sentido

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“Primavera por Tí”

Verónica fue la tercera de cinco hermanos, sus padres le tenían mucho cariño por su forma tan alegre de ser, al lugar que acudía llevaba siempre ese sabor festivo que hacía del momento algo muy bonito. Ella era la que de todos sus hermanos  tomaba siempre la iniciativa para emprender lo que fuera, sin mayores prejuicios, al contrario, sin miedo a nada, era ejemplo de voluntad y determinación.

Una tarde, cuando sentados en el sillón, Verónica sintió un dolor muy intenso en la parte baja de su espalda, se recostó un poco y cerrando los ojos trataba de sobrellevar el momento, Lupita su madre le preguntaba que dónde era el dolor y señalándole el sitio le imprimió un poco de fuerza con las yemas de los dedos; ¡ahí, ahí¡ decía Vero.

A todos les preocupó mucho porque de todos se podía esperar algo así pero de ella no. Ya pasará decían, seguramente es un aire. Eso fue  en el primer día de la primavera, un veintiuno de marzo del año 1988; pasaron los días y el dolor ahí estaba, se iba por momentos pero volvía con algo más de intensidad.

Al fin, se decidieron llevarla a la atención médica, pero no acertaban, hasta que en la radiografía aparece un hueso, se movió de su lugar para orientarse a otro. ¿Porqué doctor? Mire doña Lupita es una caso que no le encontramos explicación, es la primera vez que nos encontramos con algo así, tenemos qué intervenir para cortar el hueso e impedir que se una al más cercano, seguramente  tuvo alguna caída. La familia de Verónica se quedó preocupaba y pensando sobre la operación propuesta por el médico.

Fue intervenida un año después, le quitaron un trozo de hueso de aproximadamente un centímetro, su recuperación no fue fácil, pasó el tiempo que a consideración del Médico ya debería estar completamente bien, pero no fue así, el dolor rehusaba retirarse, se presentaba sobre todo en tiempos de invierno por las bajas temperaturas, por ello, Verónica anhelaba tanto la entrada de la Primavera, signo de que pronto llegaría el clima cálido y ella estaría mejor y podría hacer sus actividades ordinarias.

Tal parece que la intervención médica a la que fue sometida no fue la mejor decisión. “mamá, pensé que estaría mejor” decía Vero, a lo que Lupita le decía: “ya verás que sí, no te desanimes, encomendémonos a dios”.

Un invierno pero del 2009 Vero desmayó inexplicablemente, nunca le había pasado eso, cuando volvió en sí, dijo que le empezó a faltar el aire y que por más que inhalaba no lograba retenerlo, empecé a desesperarme y ya no supe qué pasó, ahora no tengo fuerza en las piernas, y comenzó a llorar.

No te preocupes Vero ya no te sucederá, le decía Juanis una de sus mejores amigas. ¿Cómo te sientes ahora? No puedo respirar bien, miren; inhalaba con mucha dificultad y volvió a desmayar, de manera que la llevaron al hospital para ser atendida, se le tuvo en observación y se le dio de alta bajo el diagnóstico de un resfriado al que solo se la ha de dar atención por lo menos quince días.

Pasaban los días y se agravaba la condición física de Vero, comenzó a adelgazar mucho, cada vez le era más difícil respirar y los especialistas no daban con bola, no sabían contra qué enfermedad se estaban enfrentando. Su familia, aunque no toda, estaba desconcertada, no sabían qué hacer, escuchaban diversas opiniones, pero ninguna atinaba a lo que verdaderamente estaba sucediendo.

Vero ya no alcanzó la primavera del 2011, ya no pudo ver y sentir todo el colorido y la calidez de ésta etapa del año, Vero se fue en la soledad, nadie estaba con ella en tan trágico momento, sólo Lupita, lidiando contra la pasividad de los galenos de un cierto nosocomio de la Ciudad de México.

gala7soc@hotmail.com

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