La presidenta Claudia Sheinbaum reconoció que aún no se identifica a la empresa responsable del derrame petrolero en el Golfo de México, mientras continúan investigaciones. Señaló que se conformó un grupo interdisciplinario para determinar el origen del incidente y descartar la existencia de nuevas fugas.
El derrame de hidrocarburos en el Golfo de México no solo está contaminando más de 600 kilómetros de costa; también está exhibiendo, una vez más, la peligrosa costumbre del poder de administrar la información en lugar de enfrentar la realidad. Mientras el chapopote sigue llegando a playas, manglares y zonas pesqueras, la narrativa oficial se mantiene en una cómoda ambigüedad: hay investigación, hay hipótesis, hay operativos… pero no hay claridad.
El gobierno federal ha optado por una línea que suena más a control de daños políticos que a transparencia ambiental. Se señala a un “buque privado” sin nombre, sin empresa, sin ruta, sin responsabilidad concreta. Se descarta rápidamente a Petróleos Mexicanos (Pemex), pero no se explica con rigor técnico por qué. Se anuncian grupos interdisciplinarios, pero no se presentan resultados verificables. En pocas palabras: se informa lo suficiente para calmar, pero no lo necesario para entender.
Y mientras tanto, ¿qué ocurre en la realidad? Manglares cubiertos de hidrocarburo, fauna marina afectada, pescadores viendo cómo su sustento se contamina día con día. El problema no es solo el derrame; es la lentitud, la opacidad y la narrativa fragmentada con la que se está manejando. Porque cuando la información llega a medias, la desconfianza crece completa.
Respecto a un derrame en la refinería de Dos Bocas, ubicada en Paraíso, Tabasco, la mandataria indicó que se trabaja con autoridades municipales para la reubicación temporal de estudiantes y el seguimiento a su salud.

Sheinbaum precisó que, aunque la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) ha señalado la posible participación de una empresa, “todavía no está totalmente identificada”, por lo que continúan las indagatorias.
El grupo de trabajo está integrado por la Secretaría de Marina, la Secretaría de Energía, la Profepa, Pemex y la Agencia de Seguridad, Energía y Ambiente (ASEA). Además, se solicitó la intervención de la Fiscalía General de la República (FGR), que realiza su propia investigación por posible daño ambiental.
Minimizar un desastre ambiental no lo hace desaparecer. Al contrario, lo agrava. Porque impide la reacción social, reduce la presión institucional y diluye responsabilidades. Hoy no solo se necesita limpiar el Golfo; se necesita limpiar la forma en que se comunica lo que ahí está ocurriendo.
La pregunta de fondo no es solo quién derramó el petróleo.
La pregunta es: ¿por qué, frente a un daño de esta magnitud, el país sigue sin tener una explicación clara, completa y contundente?
Cuando el mar se ensucia, el silencio también contamina.

Con información de Ajedrez Político












