Tantito nos apendejamos y nos ponen en rojo

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No hace muchos días, en este espacio advertimos sobre la inminente probabilidad de un rebrote que nuevamente conllevaría a colocarnos en un máximo riesgo de contagio por coronavirus. Bastaron dos semanas para observar y confirmar que se continúan cometiendo errores. Las medidas de restricción y contingencia sanitaria con inicio de aplicación para este día, de nada o poco servirán si la sociedad en su conjunto no las respeta y no las cumple y si el gobierno como autoridad sanitaria no las hace cumplir.

Los registros diarios en el aumento de casos y muertes no mienten y, – otra vez, – solo apostemos a que, a partir de este lunes, no resurja y se instale esa endémica y rara actitud gubernamental; esa inconcebible combinación de indolencia e irresponsabilidad entre autoridades y sociedad que vuelve a poner a los potosinos en serios problemas. Hasta ahora, – digámoslo con claridad, – las medidas adoptadas son y seguirán siendo insuficientes o inútiles si no se actúa con sentido común y firmeza.

Todavía la semana pasada, cuando prácticamente era un hecho la declaratoria de pasar de un nivel de contagio moderado a muy alto, – es decir, – del semáforo amarillo al naranja, el gobernador Juan Manuel Carreras, puso sobre la mesa la idea de que, en países de Europa, (Francia, Italia y España) las autoridades tuvieron que recurrir, – en algunas regiones o ciudades a medidas drásticas como el “toque de queda” para reducir y controlar la movilidad social y con ello el retorno de sus poblaciones al confinamiento.

Si Juan Manuel lo dijo como dato ilustrativo o cultura general estuvo bien, pero que esto suceda en San Luis Potosí, obvio que no será así. No va a suceder, porque cuando tuvieron la enorme oportunidad de hacerlo de manera articulada, enérgica e inteligente no lo hicieron. Las conferencias mañaneras de la Secretaría de Salud, con el paso de los meses se han convertido en verdaderos dramas de telenovela barata, pero sin la mínima intención de enfrentar con determinación la pandemia.

Aun cuando en gobierno se insista en que “no viene al caso buscar culpables” por el “rebrote” desde luego que solo se dice con el ánimo de eludir su responsabilidad. Por supuesto que hay responsables con rostro y nombre y sus errores deben ser señalados sin hipocresías y sin simulaciones. La titular de Salud, Mónica Rangel, se ha mostrado tibia y timorata; interesada sí, en ser gobernadora, pero sin la mínima idea de cómo salir a enfrentar la grave crisis de salud y los efectos económicos devastadores que nos esperan en los siguientes meses.

No basta el esfuerzo de la reconversión de hospitales o el desplazamiento de tibias e inútiles campañas comunicacionales de prevención, sino que como autoridad sanitaria debió imponer a tiempo y sin pensarlo su autoridad para obligar y tener el acompañamiento de otras dependencias gubernamentales que se han apartado de su función y compromiso ante la epidemia.

Alejandro Leal Tobías, Secretario General de Gobierno, – por ejemplo, – se la pasa quejándose de que no le hacen caso y que los antros y organizadores de fiestas, palenques, ferias pueblerinas, centros recreativos o de diversión, se pasan por el arco del triunfo las medidas de restricción. En esa lógica, plantear que el responsable de política interna meta al redil al Ayuntamiento de la capital en el tema de la contingencia es impensable a estas alturas.

Leal Tobías, tolera la inacción y la simulación de la Dirección de Gobernación que tiene facultades y atribuciones para sancionar o clausurar todo negocio con venta de licor que no acate las disposiciones sanitarias. Ignora que la Dirección de Protección Civil, tiene bajo su responsabilidad meterse de lleno en la contingencia y por lo menos sacar a pasear a sus mastines a conminar a la población para que use obligatoriamente el cubrebocas o que por lo menos guarde la sana distancia en la vía pública y en lugares cerrados.

No es necesario el uso de la fuerza pública o el que las policías estatal y municipal cumplan con esa función, bastaría con que pongan a trabajar a toda esa inútil burocracia que se la pasa atrapando moscas para que en la medida de sus funciones contribuyan en algo a sensibilizar o de plano obligar a que todos esos ciudadanos que circulan en las calles utilicen el cubrebocas. O bien, si de plano no pueden o no quieren, ¿Porque no pensar en conformar brigadas ciudadanas para que realicen esta tarea?

Otra, ni por equivocación, el gobierno del estado se ha asomado a la Ciudad de México para en algo aprender cómo es que han logrado controlar y restringir la movilidad en el transporte público. Aquí, el monopolio camionero, el de los taxis y el transporte de personal que se mueve hacia las empresas hacen lo que quieren y les pega en gana. Los restauranteros, los centros comerciales, las tiendas de conveniencia, los supermercados y los tianguis dominicales, simplemente se burlan del gobierno y sus medidas.

Insistimos, de qué sirve anunciar restricciones de acceso a espacios públicos o privados o disminuir porcentajes de afluencia si no se cumplen. No lo hacen los dueños de negocios, no lo hace la gente irresponsable y el gobierno tampoco hace nada para que se cumplan. La responsabilidad no es solamente de la población, – no sean malévolos, lo es también de quienes imponen una medida y de quienes con afán de lucro o lucimiento no lo cumplen.

Ejemplos claros son las centrales camioneras, las líneas de autotransporte, las aerolíneas, los hoteles, los bares y restaurantes que no están cumpliendo con la parte que les corresponde. Ellos, los empresarios, – lo que están haciendo es atiborrar los antros, los camiones y los aviones para transportar al mayor número de pasajeros y así recuperarse en unas semanas de lo perdido en meses por la pandemia, – a todos ellos, el contagio, el rebrote y el retorno del amarillo al naranja o al rojo les vale madre y pareciera que a la autoridad sanitaria también.

Hasta pronto