Solución o peor de jodidos

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En los próximos días estrenaremos nuevo gobernador. Mucho nos ha dicho El Pollo Gallardo que las cosas serán distintas. La gente de arriba y de abajo dice que ´´paga por ver, o hasta ver para creer´´. Apostemos a que los compromisos que abiertamente a cazado el próximo mandatario sean realidad.

Por lo pronto ayer hubo cambios en la fiscalía general del Estado, y, en consecuencia, se dio el primer cambio en el mando de la policía ministerial. José Guadalupe Celestino dejó la corporación y le deja esta responsabilidad a un militar de nombre Miguel Amado Jiménez González.

Gallardo ha insistido en que, entrando, San Luis Potosí estará resguardado por 3 mil policías. Suponemos que los cambios hechos este día en la policía ministerial está su mano metida, – si no, pues no tendría chiste. En este momento JM Carreras es ya solo una figura decorativa.

Gallardo ya había anticipado, que lo más probable es que los mandos policiacos de la entidad estarían bajo la responsabilidad de militares. Todo, previo acuerdo y consenso con el gobierno federal, como debe ser, porque, aunque sea gobernador, no se manda solo.

De que las cosas funcionen es otra cosa. La delincuencia organizada y no organizada se encuentra suelta y a la expectativa de con quien habrá de enfrentarse o de plano con quien habrá de negociar.

La presencia de por lo menos 4 cárteles importantes no es asunto menor. Nadie a estas alturas, garantizaría que la llegada de militares a los mandos policiacos sea la solución.

Ricardo Gallardo deberá poner sobre la mesa, que la guerra contra la delincuencia no se gana con golpes mediáticos ni con buenas intenciones. Las policías adolecen de todo.

En principio se encuentran infiltradas y, los pocos elementos decentes que se fletan y se la juegan por la seguridad de los potosinos, carecen de estímulos, de equipo, de armamento y de la capacitación suficiente para hacerle frente al crimen de alta escuela.

Y lo vemos todos los días. Los crímenes, los secuestros, las desapariciones forzadas, los feminicidios, violaciones, robos a casa habitación y asaltos con violencia ya no son noticia, ya es algo cotidiano y parte de una rara y acostumbrada normalidad entre los potosinos.

No hay día que no se registren robos de vehículos. Las ratas lo hacen en la madrugada o en plena luz de día con lujo de maldad y violencia y, cuando la gente se inconforma, lo primero que le dicen es que tiene que acudir al ministerio público para presentar su denuncia y abrir el protocolo de investigación de la famosa carpeta, no mamen.

Ignoro cuantas patrullas de la policía municipal, de la policía metropolitana, de la policía urbana, de la estatal, de la ministerial o de la guardia nacional circulan todos los días. Supongo que son cientos, pero se la bañan.

Pese a la flagrancia que observamos ¿Qué no tienen un esquema de coordinación o una interconexión por radiocomunicación para alertar al momento del robo o atraco de un vehículo? ¿Acaso los taxistas son más chingones que ellos?

Pues parece que sí, porque si usted tiene algún percance o altercado con uno de ellos, rápido, como marabunta lo rodean para reclamarle o madrearlo. A poco no.

San Luis Potosí ocupa uno de los primeros lugares en robo de autos, en casa habitación y en autopartes. Las ratas, generalmente no actúan solas, por acuerdo o con simulación de las corporaciones policiacas atracan, roban asaltan y, por norma, todo queda en la más completa impunidad.

Si con la llegada de militares se pondrá fin a esta pesadilla, pues bienvenidos sean los nuevos jefes policiacos porque si las cosas no cambian, estaremos peor de jodidos.

Hasta pronto