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jueves, octubre 6, 2022

“Está hecho, retiramos todo; dice el jefe que tú tranquilo”.

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CAMINANTE

Toño Martínez

Quien lo haya dicho, sea Manuel Buendia el periodista asesinado durante el régimen del presidente Luis Echevarria, o el de Estados Unidos Franklin D. Rooselvet, “En política no hay coincidencias o casualidades” fue un sabio, un filósofo.
Lo estamos comprobando con precisión quántica, con el juego de traiciones, shows y sumisión del líder nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI) Alejandro Moreno Cárdenas al pasar en un segundo de ser opositor recalcitrante a la cuarta transformación y al jefe de la nación Andrés Manuel López Obrador, a una pieza más a su servicio con tal de frenar el tambache de denuncias en su contra por diversos delitos que le tenía listo MORENA, y evitar la cárcel.
Recrear imaginariamente las palabras que le dijo al oído el secretario de Gobernación Adán Augusto López a Alito cuando se dieron un apretado abrazo con sonoras palmeadas de espalda y toda la cosa en el Palacio Legislativo de San Lázaro el día 1 de este mes no es difícil: “Dice el jefe (AMLO) que no te preocupes, vamos a parar todo, hasta el desafuero en tu contra”.
Y así de un plumazo Alito mandó al diablo a la alianza opositora con el Partido Acción Nacional (PAN) y el de la Revolución Democrática (PRD) con tal de salvar su pellejo.
La trama de la rendición del presidente del PRI fue bien organizada.
Cabeza de playa de la estrategia para doblegar a Alito fue Layda Sansores, Gobernadora de Campeche al soltarle una andanada de cañonazos certeros exhibiendo la verdadera personalidad maquiavélica, insultativa, corrupta e inmoral de Moreno Cárdenas captada en conversaciones telefónicas de voz que obtuvo equipo de espionaje oficial, grabadas desde hace 4 años.
Alito intentó crecerce al castigo tratando de hacerse mártir y perseguido político; lo hizo tan bien que pudo en la Alianza “Va por México” impedir la Reforma Eléctrica de López Obrador y generar una sensación sana de que estábamos en camino de alcanzar equilibrio político.
Alejandro Moreno Cárdenas entre tirones y jalones sostenía la alianza en su defensa y Marko Cortez dirigente nacional del PAN y Jesús Zambrano del PRD
estaban conencidos de que le daban a los mexicanos descontentos con desiciones centralistas de López Obrador una oxigenada de esperanza para retornar a la armonía, al caminar parejos, la reconciliación en lugar de división y confrontación
Al paso de los días sin embargo esa barrera se fue debilitándo porque los bombazos de Layda descubrieron como hasta de su “misma gente ” Alito se había burlado y pisoteado la dignidad incluso de mujeres, y la coraza se le fue yendo de las manos.
Del otro lado, tanto AMLO como MORENA operaban, habían descubierto el talón de Aquiles del líder del PRI para darle el “estate quieto” y de paso debilitar a la Alianza.
No fue casualidad que días antes Layda Sansores declarara que ya no divulgaría más audios de Alito en sus redes sociales; tampoco fue coincidencia que en una “mañanera” de esta semana López Obrador llamara al PRI a “ser responsable con el pueblo” apoyando sus iniciativas para que las fuerzas armadas sigan actuando en las calles contra los criminales, y que la Guardia Nacional quede bajo la orden del Ejército.
La batalla culminó con la moderna versión del Abrazo de Acatempan entre Adán Augusto López y Alejandro Moreno delante de todos los legisladores, sin pudor político alguno. El insurgente doblegado y el oficialismo triunfante.
¿Qué va a pasar ahora? Bueno, AMLO tiene más fácil la aprobación de cuánta reforma o iniciativa de ley se le antoje porque contará con votos suficientes de apoyo para lograrlo.
Desde otra perspectiva, los restos electorales del PRI y de la alianza no tienen por dónde aspirar a sobrevivir en las elecciones del 2024.

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