CAMINANTE / López Obrador se metió con quién nunca debió.

0
183

Toño Martinez

Que dé gracias el presidente Andrés Manuel López Obrador, que entre los 97 millones de católicos que hay en México no existen facciones ni órdenes fundamentalistas como en el Islam, de esas que ante cualquier ofensa a todo aquello que constituye el tejido de su fe reaccionan de manera extrema cometiendo atrocidades, que sino quien sabe que estuviera ocurriendo tras la sarta de señalamientos y acusaciones virulentas que emprendio contra sacerdotes solo porque le piden modificar su fallida estrategia de seguridad tras el asesinato vil de dos jesuitas en Chihuahua con los cuales suman ya 27 curas víctimas de la violencia durante los dos años y medio de su gobierno.
No presidente creo que se metió con quién no debía pues si algo es sagrado para los mexicanos es su fe, ese conjunto de creencias en un ser superior que abarca principios religiosos, normas de comportamiento social y moral colectivo e individual y de alguna manera son un detente al caos.
Que algunos de sus guías, -humanos al fin- fallen a su responsabilidad de velar por principios fundamentales y lleguen a cometer aberraciones en su misión, no involucra a la institución y mucho menos a las enseñanzas dogmáticas que cimentan el cristianismo.
No es el clero presidente un adversario; no pretenda imitar a Benito Juárez en sus reformas para separar iglesia y estado.
Fueron las circunstancias de su tiempo aunque reconozcamos que son adecuadas par el sistema de gobierno laico.
Aunque luego salga desde su desvario psicológico que ” tiene otros datos”, el 98% de los mexicanos profesan – bueno profesamos o practicamos alguna religión – y lo dice el nstituto de Estadística, Geografía e Informártica ( INEGI) en su medición del 2020.
Que el país esté inmerso en una vorágine de criminalidad, violencia de un sadismo despiadado con ejecuciones, feminicidios, extorsión, tráfico de personas no se puede disfrazar con la retórica engañosa y provocativa que utiliza surgida de sus perturbaciones de grandeza; no es culpa del clero sino de su paranoia que lo lleva a ver complots por todos contra su proyecto político.
Las apreciaciones sobre su comportamiento psicológico no son de orden peyorativo para darle fuerza al texto sino fundados en estudios de su perfil psicológico diagnosticado por especialistas.
Citaré solo el que publicó Juan Bosco Abascal, presidente de la
Escuela Mexicana de Psicología en su libro “MALO Manuel Andrés López Obrador – su verdadero nombre- en el cual describe los rasgos de personalidad que son una combinación de
mentiroso, manipulador magistral, con una astucia al doble de la persona común; dominado por la perversidad moral intencional que demuestra con expresiones como aquella de ” Que quiebren las empresas que tengan que quebrar, no me importa; ya pagarán sus accionistas o dueños a través de multitud de acciones ( de cobranza de impuestos).
Otros ejemplos son los despidos masivos de trabajadores del gobierno -solo porque venían de regimenes que desprecia-, o menospreciar el abasto de medicamentos, abandono de niños con cáncer, reducción del 75% de presupuesto en toda dependencia o programa de gobierno, sus constantes agresiones en sus conferencias contra todos aquellos y aquello que no esté de acuerdo con su pensamiento.
Es ahí donde nadie puede asegurar el futuro de la llamada Cuarta Transformación.
El nuevo blanco de la diarrea verbal originada en sus traumas y delirios de persecución, ubican a un López Obrador temerario que ya no es capaz de medir el alcance de sus exabruptos y un comportamiento así tiene rebotes negativos. No de castigos divinos pues a Dios no se le concibe como una deidad vengativa sino todo lo contrario; es cosa de leyes naturales infalibles – relacionado con la metafisica-:
Sino te gusta el efecto, no provoques la causa; todo cuanto hagas te será multiplicado para bien o para mal.
Presidente Andrés Manuel López Obrador contra las patologías mentales que le ocultan la realidad existe una virtud: el sentido común.
Úselo, porque la frase del sacerdote jesuita
Javier Ávila ” Los abrazos ya no alcanzan para cubrir los balazos ” es una verdad que no admite objeción que desbarata su perorata de ” Abrazos no balazos” y le guste o no, alienta la criminalidad que tiene a México en la peor era de miedo e inseguridad
Echarle la culpa al clero ya no es pintarle una rayita más al tigre, es pintarlo de negro.
Y ya lo veo señalando que críticas como esta a su gobierno es cosa del Opus Dri, El Yunke, Los Caballeros Templarios y demás.
No se vuelva a equivocar, el juicio es de los ciudadanos, del pueblo que ya quiere ver paz y orden.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí