Retorna a San Lázaro para tomar posesión

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Ayer fue un sábado inédito en la tradición del cambio de poder en México. De manera oficial, comenzó a la medianoche, cuando el nuevo presidente recibió de manera oficial el mando de las Fuerzas Armadas.

Pero esta jornada comenzó para Andrés Manuel López Obrador, hace 12 años, cuando un domingo de noviembre de 2006 asumió la llamada “Presidencia Legítima”, en un Zócalo tan concurrido como el que tuvo ayer sábado a sus pies al recibir el “bastón de mando” de los pueblos indígenas originarios de México, que en una simbólica ceremonia lo cubrieron con sus tradiciones para la protección de su mandato, durante los siguientes seis años.

Aquel fue un acto de protesta electoral contra el fraude que siempre acusó de parte de su contrincante Felipe Calderón. Ayer sábado, en cambio, fue el protagonista de la ceremonia oficial en la que sí protestó como Presidente de México. Y no fue el Zócalo su escenario principal, sino la sede del Congreso de la Unión.

Hasta allí llegó como siempre: en su automóvil austero, sin escolta, con la ventanilla abajo para saludar a la gente que lo esperaba afuera de su casa para felicitarlo. No pudo ni siquiera cruzar la puerta de su domicilio particular, en el sur de la Ciudad de México, por la multitud que bloqueaba el paso.

Eran las 10: 21 de la mañana cuando salió el Jetta blanco conducido por su coordinador de ayudantes -que no López Obrador partió rumbo al Palacio de San Lázaro, sede de la Cámara de Diputados, que esta vez estuvo sólo cercado por austeras vallas de seguridad y no por cientos de elementos del cuerpo de Granaderos y policías de la Ciudad de México, como ocurrió el día que tomó protesta Enrique Peña Nieto, hace seis años.

Hasta allí llegó la gente desde muy temprano, sin burlar seguridad ni enfrentar toleres y escudos. Sólo con los muchos afiches que ha inspirado el nuevo presidente de México y sirven de mercancía al comercio ambulante: playera, gorras, banderas, muñecos.

Esta vez el único tufo de protesta que se esparcía en el ambiente tenía el nombre de Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, que no llegó al acto oficial y mejor esperó a la comida en Palacio Nacional.

Ojos curiosos se levantaban sobre las puntas de los pies para reconocer a algunos de los presidentes y jefes de Estados invitados a la ceremonia oficial. A los nuevos funcionarios del nuevo Gobierno federal, a las personalidades que estaban previstas.

Especial curiosidad despertó la delegación del gobierno de Estados Unidos, integrada por 100 personas, al menos, según los organizadores, quienes llegaron en aproximadamente 50 camionetas blindadas y escoltadas por la Policía Federal. Una de ellas equipada con un sistema antibomba: aquella en la que viajaba Ivanka Trump, hija del presidente estadounidense, Donald Trump, y el vicepresidente Mike Pence y su esposa.

Ivanka había llegado a México en un vuelto que aterrizó a las 7 de la mañana. Y a las 11 de la mañana ya estaba con el resto de la comitiva de su país en la Cámara de Diputados, sentada al lado de Beatriz Gutiérrez Muller.

Adentro, desde muy temprano comenzó el jaleo entre los diputados. Los diputados del PAN instalaron una manta de rechazo a Maduro, que posteriormente retiraron en un gesto de corrección política, aunque estaban listo para la protesta si el presidente de Venezuela pisaba el Palacio de San Lázado.

A la tribuna, uno por uno, pasó un diputado de cada partido para expresar “su posicionamiento”, como antesala del acto oficial de toma de protesta de López Obrador.

EL ARRIBO A SAN LÁZARO

Casi al mismo tiempo que López Obrador, salió de su casa el ahora expresidente Enrique Peña Nieto. A él lo esperaban cámaras de televisión en busca de unas palabras de despedida: está contento, dice, por lo que logró y pasará el resto del día con su familia.

Desde el sur, mientras tanto, transitaba López Obrador despacio, acompañado durante todo el trayecto por vallas humanas que saludaron su paso. Y un protagonista inesperado que de manera involuntaria se convirtió en el vocero de los votantes de López Obrador. “En ti confiamos”, le dijo, y el momento quedo grabado en la cámara del teléfono celular de Beatriz Gutiérrez, la esposa de López Obrador. No primera dama, porque ella se ha negado a asumir ese papel no formal, que hasta ahora habían desempeñado las esposas de los mandatarios.

A las 10:55 llegó Peña Nieto a la Cámara de Diputados. A las puertas lo esperaba la comitiva oficial. De todos, sólo uno acapara la atención: el rijoso diputado Gerardo Fernández Noroña, de Morena, quien esta vez guarda la compostura y acompaña al todavía presidente a la tribuna donde entregará la banda presidencial.

A su llegada, la gente reaccionó y comenzaron las consignas en su contra: “¡Fuera Peña!” y un cartel que hacía mofa del presidente “guapo” de México: “Bombón, te espera la prisión”. Personas en el lugar comenzaron a recordar aquel 1 de diciembre de 2012, cuando las protestas contra Peña Nieto, en su día de asunción, terminaron en una batalla campal entre manifestantes y policías, con heridos y detenidos. Triste memoria para el que se va.

A las 11:11 de la mañana, llegó Andrés Manuel López Obrador al Palacio de San Lázaro. A las puertas lo esperaban la comitiva oficial encabezada por su estratega de campaña y ahora senadora Tatiana Clouthier.

Cientos de personas ya habían comenzado a concentrarse en el Zócalo, que lo ha arropado siempre: durante el intento de desafuero en 2004, luego de la derrota electoral de 2006, en su movimiento contra la reforma energética… El Zócalo siempre como su tribuna frente al único poder que él dice reconocer: el pueblo.

Desde el momento que puso un pie en la Cámara de diputados a López Obrador sólo le levó 9 minutos recorrer 12 años de historia hasta la tribuna donde pronunció las 61 palabras que lo hicieron, por fin, Presidente de México.