Igual que hace 50 años, jóvenes se manifiestan

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Como hace 50 años, estudiantes universitarios y de bachillerato marcharon en silencio para exigir poder ir a la escuela sin miedo. A diferencia de lo ocurrido en 1968, cuando se realizó la “Marcha del Silencio”, los jóvenes enarbolaron tres demandas: expulsión de los grupos “porriles” de las instituciones educativas, alto a los feminicidios y a la violencia contra los estudiantes. Los cerca de 23 mil jóvenes manifestantes, según datos de las autoridades de la Ciudad de México, eligieron el mismo día y la misma ruta (del Museo de Antropología al Zócalo) que sus homónimos que participaron en 1968 en una movilización en la que se estimó una asistencia de 250 mil personas.

Este jueves no todo fue en silencio. Desde el Museo de Antropología hasta el antimonumento a los 43, alternaron las consignas con el caminar silencioso. En las glorietas, como en el Ángel de la Independencia, desplegaron “goyas”, “huelums”, bailes y gritos; luego volvían a levantar el puño y avanzaban para ganarle al miedo.

Los participantes se dijeron “nietos de 1968, hijos de 1999 y hermanos de los 43”. Los acompañaron más de 20 líderes históricos del Comité 68, quienes conformaban el segundo contingente de la marcha. Amir Manuel se siente orgulloso de continuar la lucha de su tío Julio, preso en Lecumberri por participar en el movimiento estudiantil de hace 50 años: “Mi familia estuvo en el 68, ahora me toca a mí”.

“¡Fuera ‘porros’ de la UNAM!”, “¡señor, señora, no sea indiferente, que matan estudiantes, enfrente de la gente!” y “el gobierno nos teme porque somos 68, Ayotzinapa y CCH Azcapotzalco”, fueron algunas de las consignas con las que buscaron llamar la atención.

A lo largo de Paseo de la Reforma, se observaron los mensajes: “¡Nuestro silencio pide justicia a gritos!, “nuestros sueños no caben en sus urnas. 1968-2018”, y “tu puño jamás podrá doblegar mi espíritu”, los cuales fueron celebrados desde edificios aledaños. A la movilización, conformada por más de 23 contingentes, se sumaron estudiantes de escuelas y facultades de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), del Instituto Politécnico Nacional (IPN), la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), entre otras.

También estuvieron presentes padres de los 43 alumnos desaparecidos de Ayotzinapa y familiares de víctimas de la UNAM, de los ejidatarios de San Salvador Atenco y de sindicatos, así como los damnificados del sismo del 19 de septiembre de 2107.

EL SALDO FUE BLANCO

Los estudiantes anunciaron una marcha el 26 de septiembre por los normalistas desaparecidos y otra el 2 de octubre por los 50 años del 68, de Tlatelolco al Zócalo. Presuntos anarquistas se congregaron al final del contingente y con pintas pusieron sello al silencio.

EL PESO DE LOS RECLAMOS

“Vinieron todos, hasta los más fresas”, dice una jovencita señalando a los de Odontología. El contingente comienza con puntualidad. La principal amenaza la imponen las nubes, pero también que los “porros” del 3 de septiembre salgan de la nada y vuelvan a lastimar.

Quizá por esta razón aquí y allá se miran adultos en la marcha. Son los padres de los muchachos, porque sus profesores -salvo contadas excepciones- decidieron quedarse en casa. También hay abuelos que recuerdan la “Marcha del Silencio”, hace 50 años. Uno de ellos se queja porque “ya no hay líderes como Raúl Álvarez Garín… casi todos se han ido, menos Gilberto Guevara y alguno más”. Cinco décadas atrás, los estudiantes marcharon contra la violencia del Estado y utilizaron al silencio como argumento para pacificar los ánimos del monstruo. Este jueves los jóvenes hicieron el recorrido del Museo de Antropología al Zócalo para denunciar las violencias, en plural, que padecen todos los días.