Abejas nativas: polinizadoras al rescate

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Desde antes de la llegada de los españoles a nuestro continente ya se producía miel. Los europeos introdujeron a la famosísima Apis Mellifera, pero hay datos históricos de que diversos productos derivados del trabajo de las abejas ya se elaboraban con las especies nativas. Actualmente se calcula que existen alrededor de 1800 de estas especies en nuestro país. Además de la producción de mieles con características especiales, una de las grandes virtudes de estas abejas es su efectividad en la polinización de cultivos regionales, como calabaza, tomate, aguacate y chile habanero, entre muchos otros. Ante la crisis global de los polinizadores, los especialistas consideran importante la revalorización de sus servicios mediante programas que estimulen su manejo, así como la protección de su hábitat natural.

Entre las abejas nativas, destacan el grupo de las meliponinas, conocidas popularmente como abejas sin aguijón. Actualmente se conocen alrededor de 400 especies de abejas sin aguijón, las cuales se ubican en unos 50 géneros. Aunque no pican, pues tienen su aguijón atrofiado, estos pequeños insectos tienen otros mecanismos de defensa, como mordiscos o expulsión de sustancias cáusticas; sin embargo, son consideradas insectos dóciles y excelentes polinizadores de flora nativa.

En el Códice Tro-Cortesiano, que actualmente se resguarda en el Museo de América, en Madrid, se han descubierto referencias específicas a las abejas meliponas, como el caso de la Melipona fulvipes, una especie de abeja sin aguijón nativa de la península de Yucatán. En diferentes textos sobre la cultura prehispánica maya existen referencias de mieles y resinas de diferentes especies de meliponas que se han mantenido como componente básico en el tratamiento tradicional de enfermedades en los sistemas respiratorio, digestivo, circulatorio e inmunológico.

El doctor José Javier Quezada Euan, especialista en apicultura tropical de la Facultad de Medicina, Veterinaria y Zootecnia de la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY), señala que dos de las especies más importantes que habitan nuestro país son la Melipona beecheii, en el área maya, y Scaptotrigona mexicana en el área nahua (Principalmente Veracruz y Puebla). “Se sigue produciendo miel con ellas, como parte básica de la economía rural y como preservación cultural”.

Se calcula que el número de colonias de abejas sin aguijón silvestres en las selvas tropicales puede fluctuar entre diez y cien por kilómetro cuadrado. El especialista señala que en las últimas décadas han surgido programas gubernamentales y de las ONG que han trabajado en el rescate y la conservación de las abejas nativas sin aguijón para estimular su proliferación y la economía rural. “Estos programas han tenido un resultado favorable, pero en algunos casos los resultados no han sido óptimos porque las iniciativas de apoyo a las comunidades no tienen seguimiento”.

Explica que este tipo de abejas requieren un manejo específico, pero cuando no hay supervisión continua, eventualmente los productores se desaniman y se van perdiendo las colonias, pues los bajos niveles de producción requieren ser estimulados con algún valor agregado, así como la tecnificación adecuada de la actividad. “Este es el aspecto negativo que hemos detectado y que sería importante resanar”, señala Quezada Euan.

Las meliponas son abejas sociables que suelen habitar en grandes colonias, pero además de estas especies hay otras nativas de vida solitaria, cuya función polinizadora en cultivos específicos puede potencializar la producción de solanáceas, entre las cuales están los chiles y tomates. “Se tiende a asociar un valor económico a un organismo por la cantidad de dinero que genera y en ese sentido es muy claro el papel que Apis mellifera tiene en la generación de divisas, pues produce mucha miel que es exportada con grandes ingresos. En las nativas no vemos un beneficio económico neto, cuantificable directamente, pero sus efectos en los cultivos son extraordinarios”.

ALADAS Y ALIADAS

Frutas, vegetales, semillas y cultivos oleaginosos son fuente básica de micronutrientes, vitaminas y minerales, elementos indispensables para una dieta equilibrada y para el desarrollo y las funciones fisiológicas básicas del ser humano. Según datos de la FAO, 75 % de los alimentos del mundo depende, cuando menos en una parte, de la polinización. Alrededor de un centenar de especies de cultivos son los encargados de proporcionar 90 % de los alimentos del mundo y más de dos terceras partes de éstos son polinizados por abejas. Según un informe reciente de la Plataforma Intergubernamental de Ciencia y Política Pública sobre Biodiversidad Sistemas Ecosistémicos (IPBES), 40 % de los invertebrados que polinizan en el mundo está en peligro.

Para el experto de la UADY el impacto sobre las abejas en general que habitan nuestro país se reconoce por los claros factores estresantes que tienen que ver con su hábitat; sin embargo, no hay datos precisos que hagan el recuento histórico. “Desgraciadamente la evidencia numérica cuantificable del impacto por diferentes factores no se encuentra disponible y todavía se está construyendo, a diferencia de otros países en los cuales hay información desde hace muchos años. En el país los principales factores adversos son claros: el uso indiscriminado de agroquímicos y la elevadísima tasa de deforestación que estamos experimentando”.

Para el investigador, la península de Yucatán es una de las más importantes del país respecto a la producción de miel, pero al mismo tiempo es uno de los sitios con índices más altos de deforestación. “Hay una problemática que se suma en dos vertientes opuestas: queremos aumentar su producción, pero acabamos con su fuente de alimento. Son situaciones poco compatibles”. Según cifras de la Sagarpa, México es el sexto productor de miel a nivel mundial. El país produce en promedio 53 mil toneladas anuales de miel; sin embargo atraviesa por una crisis sin precedentes al enfrentar una caída en la producción nacional de más del 50 %.

A mediados de los ochenta otra crisis parecía atacar a las abejas de nuestro país: la llegada de las abejas africanas quienes migraron desde Brasil hasta diversas regiones tropicales del continente cuando se intentó producir un híbrido. “En ese entonces, surgió la incertidumbre de cuáles serían sus efectos e incluso se llegó incluso a pensar en su colapso”, señala el especialista quien forma parte de los grupos que se han dado a la tarea de investigar su impacto a través de los años.

“Nos dimos cuenta de que se generó un híbrido entre abejas africanizadas y europeas al grado de que actualmente básicamente todas las poblaciones de abejas melíferas que se encuentran en las poblaciones tropicales de México tienen material genético tanto africano como europeo, pero la península de Yucatán sigue teniendo una apicultura pujante, sin ningún problema por tener abejas africanizadas. Incluso con la ventaja adicional de que son abejas más resistentes a enfermedades como las bacterianas”. Agrega que incluso se ha demostrado que es posible crear líneas genéticas que son manejables, menos agresivas.

“Uno de los grandes problemas del apicultor es la defensividad de las abejas, pero con el mejoramiento genético se puede controlar para crear un insecto dócil, en cierto nivel, y al mismo tiempo productivo”. A pregunta expresa si el trabajo genético podría hacer más resistente a la abeja frente a otros factores que ahora bajan sus poblaciones, el especialista señala que esta no es la ruta adecuada. “La solución para la crisis actual de polinizadores no es trabajar con la genética porque tampoco sería una solución a corto plazo. Es vital la conservación del medio ambiente”.

¿SE VALORA SU IMPORTANCIA? La Cámara de Senadores declaró recientemente el 17 de agosto como el “Día Nacional de las Abejas”. En su comunicado de prensa, se lee que el día fue impulsado para que con “el apoyo del Congreso de la Unión, sociedad, organizaciones, instituciones y gobierno, se reconozca y valore su importancia ambiental, social y económica, y se realicen esfuerzos y acciones para conservar sus poblaciones y asegurar la permanencia de sus servicios y productos”. Los problemas centrales de la extinción de panales en el país aún están lejanos de atacarse.

“Este es un problema real, creemos que es algo distante porque no hay efecto inmediato, pero la evidencia científica demuestra que es un problema potencial y México tiene las condiciones desfavorables”, señala el experto y pone el ejemplo de ecosistemas muy dañados de la zona de las costas de Quintana Roo que sufren una fuerte deforestación y en forma acelerada, pero los efectos se resienten en toda la Península de Yucatán. “En la UADY antes teníamos apiarios, ahora ya no sobreviven por la falta de alimentos”.

Para Quezada es importante que los tomadores de decisiones consideren como un problema real de muchas aristas la destrucción de hábitats y también el uso agroquímicos. A nivel internacional se reconocen a los neonicotinoides, una familia de insecticidas que actúan en el sistema nervioso central de los insectos, como la familia de agroquímicos relativamente nuevos que más afecta estas poblaciones; sin embargo, todos los pesticidas tienen un efecto negativo.

“La alternativa es la restricción. Todavía en México se usan muchos agroquímicos ya prohibidos en otros países. No puede haber libre albedrío y ante el menor problema, aplicarlos. Se requiere asesoría para dosificación y periodicidad, sin uso indiscriminado. Hay normas que deben ser respetadas, incluso en los horarios que más afectan a los polinizadores”. Para el experto el panorama es negativo, pero aún es tiempo de detener el efecto de los factores que alientan la desaparición de las abejas y tratar de revertirlos con el tiempo. “Afortunadamente estos insectos son bastante resistentes, pero vale la pena ayudarlos”.

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 CIENTO

De alimentos depende de la polinización.

Fuente: El Siglo de Torreón