Trump da golpe a la paz

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Al convertir a Estados Unidos en el único país que reconoce a Jerusalén como capital de Israel, el presidente Donald Trump ha roto un frágil equilibrio de décadas, ha asestado un duro golpe al proceso de paz entre israelíes y palestinos y ha desatado la ira de buena parte del mundo musulmán y el rechazo del resto de los países, aliados incluidos.

Como ya se había adelantado, Trump rompió ayer miércoles el consenso internacional sobre Jerusalén al reconocerla como capital de Israel y ordenar que se traslade allí la embajada estadounidense en el país, una postura que disparó la tensión en la región y comprometió el papel de Washington como mediador de paz.

En un discurso desde la Casa Blanca, Trump trató de suavizar el golpe que eso supone para los palestinos al declarar, por primera vez, su apoyo a una solución de dos estados.

“He determinado que es hora de reconocer oficialmente a Jerusalén como capital de Israel. Otros presidentes prometieron hacerlo en su campaña electoral, pero nunca lo cumplieron. Hoy, yo lo cumplo”, afirmó Trump.

Israel considera a Jerusalén su capital “eterna e indivisible”, pero la comunidad internacional considera la parte oriental territorio ocupado, reclamado por los palestinos como la capital de su futuro Estado independiente.

Ningún país tiene actualmente su embajada en Jerusalén, porque, tras la anexión israelí de la parte oriental de la urbe en 1980, la ONU llamó a la comunidad internacional a retirar sus legaciones de la Ciudad Santa, un símbolo vital para las religiones y culturas judía, cristiana e islámica.

La ruptura de Trump con ese consenso le generó críticas de la Unión Europea, Rusia, China y Turquía, entre otros, y tanto el gobierno jordano como el presidente palestino, Mahmud Abás, acusaron a Estados Unidos de violar la resolución de la ONU.

El Consejo de Seguridad la ONU se reunirá de emergencia el viernes para analizar la situación. Mientras, las protestas empezaron a expandirse por el mundo árabe. Facciones palestinas anunciaron el inicio de “tres días de ira y rabia popular”, y en las calles se quemaron banderas de EU, Israel, y fotografías de Trump.