Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia bombardean Siria

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Se despejaron las últimas dudas. A primera hora de la noche en Washington y a pocas de amanecer en Siria, una combinación de fuerzas de Estados Unidos, Francia y el Reino Unido desencadenaba la ofensiva contra el régimen de Al Assad. Prácticamente al mismo tiempo, Donald Trump, Emmanuel Macron y Theresa Maydaban cuenta del inicio de la operación de castigo al régimen de Al Assad, acusado de utilizar armas químicas en el ataque que hace una semana dejó más de cuarenta víctimas mortales y quinientos heridos en la ciudad de Duma. Horas después del último intento diplomático estadounidense de sacar adelante una resolución de condena al dictador sirio, de nuevo bloqueada por su aliado Rusia, los tres mandatarios daban la orden de romper las hostilidades.

En su comparecencia televisiva, Donald Trump recalcó que la ofensiva militar contra Al Assad, que será «sostenida», lo que apunta a algunos días de prolongación, obedece fundamentalmente a disuadir del uso de armas químicas. El presidente estadounidense señaló también a Rusia e Irán, y se preguntó «qué clase de países pueden respaldar, no a una persona, sino los crímenes de un monstruo». El secretario de Defensa, James Mattis, afirmó posteriormente que, frente a la versión contraria de Al Assad y su aliado ruso, están convencidos de que el dictador usó en su último ataque al menos gas cloro, aunque no descartan que también utilizara gas sarín.

La oleada de bombardeos que pudo verse y escucharse desde el principio en el cielo estrellado de Damasco, con una duración aproximada de hora y media, destruyó objetivos militares y de fabricación de armas químicas. En concreto, según el Pentágono, al menos tres de ellos fueron destruidos: un centro de investigación cercano a Damasco, un almacén de armas cercano a la ciudad de Homs donde se guarda gas sarín y un puesto de mando cercano. El Observatorio Sirio de los Derechos Humanos añadió a esta información que la cuarta división de las fuerzas de élite y la Guardia Republicana del Ejército sirio habían recibido también su castigo. Mientras se producía el ataque, la televisión siria informó de que se habían disparado al menos trece misiles procedentes de las baterías defensivas del régimen sirio. El general Dunford, portavoz del Pentágono junto al secretario de Defensa, no tenía constancia de ninguno de esos disparos. Ni los medios de aquel país ni el Pentágono reportaron que hubiese habido bajas.

Sólo el bombardeo registrado ayer, que se prolongó durante aproximadamente hora y media, ya ha superado al que el pasado año se limitó a destruir la base aérea de Sheyrat, como respuesta a otro de los ataques con armas químicas del ejército de Al Assad, que Estados Unidos calcula que habrá utilizado hasta cincuenta veces desde que comenzó la guerra en Siria. Al término de la ofensiva, el general Mattis aseguró que «de momento, no hay más a ataques planeados», pero dejó abierta la posibilidad a que se produzcan más en el futuro.

Durante su discurso a la nación, Trump justificó la intervención en la necesidad de no permitir el uso de sustancias químicas prohibidas, pero, por si alguien tenía dudas, volvió a reiterar que Estados Unidos «no va a estar siempre en Siria, ni mucho menos».En pleno riesgo de que el conflicto adquiera una imparable escalada, el embajador de Rusia en Washington, Anatoly Antonov, difundió un comunicado amenazante en el que advirtió que «toda la responsabilidad de lo que pueda ocurrir a partir de ahora recae en Washington, Londres y París». Poco antes, durante la comparecencia informativa en el Pentágono, el general Dunford desveló que su única comunicación con Rusia había consistido en comunicar el espacio aéreo que se iba a invadir para evitar incidentes.