Buscan renovarse

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CANNES.

La revolución provocada por las platafor­mas digitales alcanzó ahora a los festivales, y lo hizo me­tiéndole un gancho al hígado al más prestigiado del mun­do, el de Cannes, que esta noche desplegará su inma­culada alfombra roja para dar por inaugurada su flaman­te edición número 70 con la proyección de Los fantasmas de Ismael, del francés Arnaud Desplechin.
Y es que este 2017, por pri­mera vez en la historia, la mí­tica Palma de Oro (máximo galardón del certamen galo) podría ser para un largome­traje que nunca se exhiba en una sala de cine, una situa­ción por demás paradójica en un país como Francia, donde hace más de 120 años los her­manos Lumière inventaron el cinematógrafo.

Todo comenzó con el anuncio de la Competencia Oficial a cargo de su delega­do general Thierry Frémaux, quien el 13 de abril, en su ha­bitual conferencia de prensa en París, anunció 18 títulos para la edición 70 (que pos­teriormente se ajustaron a 19), entre los cuales se encontra­ban The Meyerowitz Stories, de Noah Baumbach, y Okja, del coreano Bong Joon-ho.

Ambas cintas fueron pro­ducidas por compañías fíl­micas independientes, pero para Netflix, que al final ad­quiere el producto en su to­talidad para ponerlo en su catálogo de sus más de 100 millones de suscriptores dis­tribuidos en más de 190 te­rritorios en todo el mundo, quienes la verán a través de la pantalla de un televisor (en el mejor de los casos), de una computadora o de algún dis­positivo móvil ya sea teléfono o tablet.

Ese modelo de negocio que ha cambiado las reglas de la industria chocó de in­mediato con los intereses de la Federación Nacional de Cines Franceses (FNCF), que reclamó al Festival de Can­nes que la plataforma digital no tenía planes por proyectar las cintas en los cines tradi­cionales, sino solamente on­line, lo cual según ellos “pone en duda su naturaleza como trabajo cinematográfico”.

En el momento más álgi­do de la polémica, incluso se leían rumores sobre una po­sible “descalificación” de los largometrajes, pues la distri­bución digital infringe incluso la Ley Francesa de Cronología Mediática, que exige que las películas presentadas en ci­nes no estén disponibles me­diante servicios de streaming al menos tres años después de su estreno comercial.

Fue entonces que la mesa directiva del Festival de Can­nes escuchó ambas versiones y presentó su postura:

“Un rumor se ha esparcido recientemente sobre la posi­ble exclusión de las cintas fi­nanciadas por Netflix. Cannes reitera que ambas películas se presentarán en la Sección Oficial y en competencia”, se leía en el comunicado colga­do en su página oficial, que lamentaba que Netflix ni si­quiera respondiera su soli­citud de buscar exhibición comercial en Francia de di­chas cintas.

“El Festival pidió a Netflix en vano aceptar que estas pe­lículas pudieran llegar a la au­diencia francesa en salas de cine y no sólo a sus suscrip­tores. Y lamentamos que no se haya llegado a un acuerdo.

“El Festival se compla­ce en dar la bienvenida a un nuevo operador que ha deci­dido invertir en el cine, pero quiere reiterar su apoyo al modo tradicional de exhibi­ción de cine en Francia y en el mundo”, tras lo cual anun­ció cambios en su reglamento para su edición 71, en la cual cualquier película que aspire a formar parte de la selección tendrá que comprometerse a distribuirla en las salas de cine francesas.