6 consejos para que dejes de discutir con tus hijos

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CIUDAD DE MÉXICO.

Para relacionarnos, debemos ser buenos comunicadores. Sin embargo, la mala comunicación entre los padres y sus hijos sigue siendo una de las mayores quejas que escucho en mis terapias de asesoramiento familiar.

¿No es irónico que aprendamos a comenzar a hablar entre los 18 y los 24 meses, pero nunca se nos enseña formalmente una comunicación efectiva? A menos que tus propios padres fueran muy hábiles y tuvieran una buena comunicación modelada, seguramente no tienes problema con esto.

¡La buena noticia es que nunca es demasiado tarde para aprender! Aquí hay seis consejos para aquellos de nosotros que tenemos hijos y que podrían ayudar a mejorar las habilidades de comunicación con ellos.

 

1. ESCUCHA MÁS, HABLA MENOS
Los padres son culpables de hablar en exceso porque subestimamos lo que nuestros hijos saben y cuánto pueden contribuir a una conversación. Nos entusiasma mucho enseñarles y darles instrucciones, pero no les preguntamos qué saben, qué piensan o qué opinan.

La próxima vez que estés planeando un fin de semana, pídeles a tus hijos algunas ideas sobre a dónde les gustaría ir o qué les gustaría ver y hacer. Cuando tu hijo tenga un mal día en la escuela y quieras que se abra y te cuente, solo escucha y ofrécele un espacio libre para que se sientan en confianza.

Si interrumpimos con preguntas o tratamos de resolver sus problemas por ellos, los callamos inadvertidamente.

La parte importante de escuchar a nuestros hijos es ayudarlos a expresar sus sentimientos y hacer que se sientan comprendidos.

Si están molestos porque les fue mal en un examen, debes tener un enfoque de empatía hacia sus sentimientos de decepción, no reprenderlos por no haber estudiado lo suficiente. La empatía y la validación de sus sentimientos es una buena escucha. La forma para mejorar su próximo examen se puede discutir más adelante.

 

2. CUMPLE LO QUE DICES
Además de hablar menos, piensa en el contenido de tu discurso. Los niños nos desconectan y nos ignoran cuando pasamos demasiado tiempo molestándolos. De hecho, te sorprendería saber que nuestros hijos usualmente hacen sus camas por cuenta propia si nos aguantamos a obligarlos a manera de regaños.

Si los molestas para que hagan la cama y luego vas y la haces por ellos, les está demostrando que tus palabras están vacías y sin sentido. Si amenazas con cancelar el viaje familiar si no dejan de pelearse en el automóvil, pero sigues conduciendo, es mejor que tires las palabras por la ventana. Piensa con cautela antes de hablar, tus palabras pierden sentido cuando no cumples.

 

3. SÉ AMIGABLE Y RESPETUOSO
¿No es esa una regla para hablar con cualquier ser humano? Sí, sin embargo, a menudo se nos olvida cuando se trata de los hijos.

La experta en padres Barbara Coloroso sugiere que te preguntes: “¿Hablaría con mi amiga de esta manera?”. ¡Tanta comunicación mejoraría si solo hiciéramos este cambio! Pero caemos en los hábitos que los expertos en relaciones Julie y John Gottman denominan “Los 4 jinetes de la relación apocalipsis”, que son: desprecio, crítica, actitud defensiva y muro de piedra.

El sarcasmo no es una forma de humor, es una forma de crítica y desprecio y no tiene lugar en la crianza de los hijos.

Estos estilos de comunicación desgarran la relación. Disminuyen el valor de nuestros hijos y, en última instancia, perjudican su autoestima. Para aquellos de ustedes que no saben, el sarcasmo no es una forma de humor, es una forma de crítica y desprecio y no tiene lugar en la crianza de los hijos.

 

4. CUIDA TU TONO Y LENGUAJE CORPORAL
Todos sabemos que nos comunicamos mucho con nuestro lenguaje corporal (el porcentaje exacto está sujeto a debate). Por lo tanto, podrías decirle a tu hijo que no estás enojado con él o ella, pero si tu voz es brusca, tu mandíbula firme y tus manos están en tus caderas, es probable que estén leyendo todas las otras pistas que claramente indican que estás enojado.

Los niños aprenden más con el comportamiento que con las palabras, así que presta atención a lo que estás diciendo con tu postura, tono, inflexión, etc. Poner los ojos en blanco es un signo de desprecio no verbal, y las manos en las caderas equivalen a ponerte a la defensiva.

 

5. SIEMPRE RESPALDA A TUS HIJOS
Si tu hijo está en algún altercado, toma la postura de que tu suposición es que son buenos y que siempre los respaldas. Necesitan saber que pueden acudir a ti ante cualquier situación para que lo puedan resolver juntos.

Puedes decir algo como “Gracias por compartírmelo” y continúa con “Sé que eres un niño bueno, si me mandaron a llamar de la escuela es porque algo debió de haber estado mal para ti. Ayúdame a entender qué pasó”.

Los niños cometen errores. Muchos. De hecho, ¡así es como aprenden! Si les mostramos nuestras expectativas positivas sobre su comportamiento y nos enfocamos en lo que aprendieron y lo que harán de manera diferente la próxima vez, evitaremos ser punitivos y atacarlos.

 

6. HABLEN EN PRIVADO
“¡Sí, te estoy hablando como a una niña porque estás actuando como una niña!”. Gritó la madre en el centro comercial a su hija adolescente. PLOP. Nada es más vergonzoso que ser corregido o castigado en público.

No importa si está rodeado de extraños o de sus amigos, los niños necesitan privacidad para las discusiones. De hecho, no siempre tienes que hablar con tus hijos inmediatamente sobre todos los problemas.

Si tu hija adolescente se demoró en el centro comercial, simplemente puedes decirle que te gustaría hablar sobre el tema más adelante cuando sus amigos se hayan ido. O bien, puedes decir nada en absoluto, pero después ten un momento para hablar cuando sepas que tendrás toda su atención.