Se desata euforia cementera en AICM

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El sentimiento de un campeonato regresó a las venas de los aficionados del Cruz Azul. No fue el de Liga -el que tanto desean-, fue la Copa MX, que tiene buen sabor, pero no quita el apetito, lo incrementa.

Pasaron poco más de tres años desde que La Máquina consiguió el trofeo de la Liga de Campeones de la Concacaf y más de cinco desde el último título casero, la Copa del Clausura 2013.

La victoria sobre Monterrey del miércoles ha despertado una necesidad de los cementeros por continuar con la cosecha de laureles. La confianza regresó.

Cientos de seguidores esperaron más de dos horas a los futbolistas en la Terminal 2 del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM). Los aficionados intentaron formar un pasillo para un breve desfile de sus héroes, con mucho esfuerzo, pero muy poca organización.

Los líderes de las porras fracasaron en mantener el orden en las dos filas. Los cánticos y trompetas sonaron al unísono, mientras los jugadores se organizaban en la sala, antes de salir a la multitud.

Al ver a lo lejos a los campeones de la Copa MX, todo se descontroló. La seguridad apenas y pudo escoltar a los primeros en salir, como Rafael Baca, Misael Domínguez, Adrián Aldrete y los que cargaban el trofeo, Julio César Domínguez y Guillermo Allison.

Con la finta de la Copa, la mayoría de los aficionados se desviaron para la fotografía con el laurel. Eso permitió que otros futbolistas tuvieran una salida más cómoda. Simplemente un zigzagueo y lograron encontrar el autobús.

Los delanteros en el campo, Milton Caraglio y Martín Cauteruccio esperaron atrás y evitaron a la turba distraída.

Pedro Caixinha pensó que, al ser el último en aparecer, iba a pasar desapercibido. El entrenador del Cruz Azul es quien mantiene prendida esta máquina ganadora.

El portugués casi es atropellado por la fanaticada cementera.

“Es un gran recibimiento”, dijo el entrenador del Cruz Azul, al intentar esquivar a los medios de comunicación. “Estoy feliz y con ganas de seguir adelante”.

“¡Vamos por el doblete!”, “¡Gracias, Pedro!” y “A romperla contra Pumas” fueron los ecos de aquellos que lograron acercarse al timonel, quien regaló sonrisas a cada persona que le acercó.

Tanta fue la euforia de los seguidores, después de cuatro años sin título que la rampa de la estación de autobuses de la Terminal 2 quedó dañada y al personal de limpieza le tocó recoger los trozos de papel distribuidos por los aficionados.

La euforia puede convertirse en un sentimiento adictivo, sobre todo en el futbol. Si La Máquina se mantiene en este ritmo ganador, recibirá constantemente este trato de su afición.