“Delfines, en la Soledad”

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Nada más difícil que la experiencia de soledad vivida por innumerables personas que sufren de alguna discapacidad, sí en el contexto universal  pero en lo más cercano a nosotros se hace palpable, como el caso de esa niña de catorce años atada a una silla de ruedas que responde al nombre de Rosita la quinta de seis hermanos e hija de don Rosalío y doña Blanca, familia humilde que depende económicamente de la recolección de basura.

Muy de mañana hay que estar en el lugar donde llegan los camiones colectores y a empezar a seleccionar aquello que se puede vender, Rosita a pesar de su condición espera bajo un espacio cubierto con cartones y laminas viejas para ayudar en lo que puede. En el mismo lugar está su compañero de escuela Gerardo, un pequeño de trece años con quien pasa momentos bonitos y tardes de dialogo donde ella le comparte mucho de su vida personal,  y en ello, de los ratos de oscuridad originados por sus límites físicos.

También conocí la historia de Misael, inmovilizado de todo su cuerpo, pero no así de sus ojos, ni de su boca. Ha nacido así, dependiente de sus padres, los saludo y reflejan cansancio porque nada sencillo es cuidar a una persona bajo dichas condiciones, aunque el amor por su hijo es mayor que detenerse en la impaciencia  y la desesperación. Tuve la oportunidad de un encuentro con la mamá de Misael y me compartió que a pesar de la condición de su hijo ya se ha acostumbrado a vivir así y no quiere ni imaginarse un día sin él. Yo me quedé sorprendido con sus palabras tan cargadas de sentido que rebasaron mi entendimiento, y es que ya llevaba Misael 18 años así, ¡uff! eso sí que sorprende. Hace dos años aproximadamente me enteré que Misael había entrado al misterio de la oscuridad.

Cada caso como los anteriores son historias que cotidianamente encontramos, de ellas a inicios de marzo me encontré con veinte experiencias y cada una con sus matices propios, niños y niñas que dependen de los cuidados de un segundo porque padecen de alguna discapacidad, pero con la ilusión de encontrar algo que les haga la vida un poco más digna.

Una instancia del DIF Municipal de San Luis Potosí se encarga de acercar los medios necesarios para que la discapacidad se convierta en capacidad, para que el problema se vuelva una oportunidad; en este sentido, en esas veinte historias se escribe una más, una rehabilitación referida a la delfinoterapia donde al final de las sesiones la vida de cada pequeño será diferente, con grandes posibilidades de mejoría, y es que la convivencia con los delfines y el sonido que emiten son factores extraordinarios capaces de viajar a lo desconocido e inmóvil para generar reacciones nunca imaginables.

Testimonios de quienes ya han tenido la experiencia de compartir su vida con estos cetáceos ha sido muy satisfactoria para sus pacientes, partes de sus cuerpos, rígidas y quietas, ahora gozan de movilidad, hay cambios que nunca se tenían gracias a ésta novedosa terapia. Tal parece como si cada niño se dejara contagiar con la inquietud, la suspicacia, la habilidad y rapidez del delfín, un contraste al que debemos no solo sacarle su provecho sino de acercar sus polos lo más posible, y obtener tantos testimonios, muchas historias liberadoras qué contar, ya no de soledad sino de cercanía y solidaridad.

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