De la crisis interna en el PAN y el PRI al nerviosismo y la desesperación

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La crisis interna que se generó en el Partido Acción Nacional PAN por los métodos y decisiones para la selección de sus candidatos a los diferentes cargos de elección popular no ha quedado resuelta, mucho menos superada. Las campañas a las diputaciones federales, locales y a presidentes municipales, principalmente en la capital potosina, pareciera que marchan bien y sin contratiempo.

 

Sin embargo, en escasos 17 o 20 días, a más tardar, comenzaremos a ver el repartidero de culpas y el cobro de facturas a su ex presidente Xavier Azuara Zúñiga, lo mismo sucederá en el Partido Revolucionario Institucional PRI, solo que, al único que responsabilizarán del resultado será al gobernador Juan Manuel Carreras, a nadie más.

 

La principal razón de los señalamientos que harán sus cuadros y militantes y que muy pronto presenciaremos, será por las pifias cometidas en la selección de sus perfiles, por los acuerdos pactados abiertamente o bajo la mesa y, por los errores de estrategia cometidos por la novatez, la ambición, la inexperiencia o la ignorancia de sus dirigentes y sus candidatos.

 

A estas alturas del proceso electoral, resulta evidente que de las crisis internas en el PAN y en el PRI, estas mutaron a una fase de nerviosismo y desesperación. Las visitas repentinas del líder nacional del PRI, René Juárez Cisneros que confundió a Carreras con Toranzo, y del gobernador de Chihuahua, Javier Corral Jurado, envía señales claras y aporta lecturas de que, en la recta final del proceso, las cosas no marchan bien entre el panismo y el priismo.

 

Y es que no es para menos, el hecho de José Antonio Meade no remonte en las encuestas a solo dos semanas de las elecciones, manteniéndolo en un lejano tercer lugar, y que aparte de ello se ventile un posible acuerdo entre López Obrador con “la mafia del poder” a cualquiera le crispa los nervios, los desconcierta y los desespera. Podrán decir que es una trampa, pero la duda ahí está.

 

En semejantes circunstancias se encuentra el candidato del PAN a la presidencia municipal, Xavier Nava Palacios, postulante que apostó a la declinación de Leonel Serrato o de Cecilia González para su causa. Nava tampoco prendió en su campaña a pesar de insistir en vender la idea de ser el heredero natural del navismo o de representar la esperanza del resurgimiento de viejas luchas civilistas.

 

Desde luego que a Xavier no lo incriminará o le reclamará ese panismo viejo y rancio que lo impulsó, sino que serán los panistas de ahora, serán esos que se mueven en otros espacios quienes responsabilizarán a la dirigencia estatal del PAN por haber tranzado una candidatura con una figura externa que había representado al PRD en la Cámara de Diputados, pisoteando los derechos políticos de sus verdaderos militantes.

 

Lo mismo sucederá en el PRI con el resultado que se tenga en la elección de senadores de la república, diputados locales, federales y presidentes municipales, esencialmente por haber designado a candidatos que literalmente llegaron a usurpar las aspiraciones legítimas de muchos priistas que han demostrado su militancia durante años.

Tampoco en este caso específico culparán a Luis Mahabub, porque él no es responsable de que le hayan puesto el dedo para impulsarlo, sino a quien lo promovió.