De fondo

92

Ya cayó el primero

La detención en Europa del ex gobernador de Tamaulipas Tomás Yarrington podría ser solo el principio de la serie de aprehensiones que el gobierno priista se ha propuesto concretar antes de las elecciones del 2018. Y es que el PRI no tiene otro camino si es que desea recuperar en algo la confianza y la credibilidad perdida.

No solo será  Tomás el único que tendrá que pagar los excesos y las debilidades del régimen priista; también su sucesor Eugenio Hernández tiene cuentas pendientes con la justicia. Ninguno se ira solo por el camino de la sombra y el desprestigio, existen otros ex funcionarios de los gobiernos tamaulipecos que tendrán que rendir cuentas y dar la cara, entre ellos, algunos potosinos.

Hoy por hoy, muchos recuerdan cómo es  que durante el sexenio de Eugenio Hernández, surgieron nuevos ricos que prosperaron con desarrollos urbanos y grandes  negocios instalados ciudades como Altamira Tamaulipas o en regiones turísticas como Barra del Tordo y la Pesca.

Algunos de los ex funcionarios o asesores de medio pelo se convirtieron en su tiempo en fieles interlocutores para financiar   campañas políticas en San Luis Potosí, una al Senado de la República, otras al gobierno del estado y otras a la presidencia municipal capitalina, y obvio, cobrar la factura tiempo después.

Durante la campaña político-electoral de Fernando Toranzo Fernández y de Victoria Labastida, fue evidente y escandalosa la forma en que ingresaban portafolios con dinero en efectivo o en dólares para costear los gastos de campaña. Ese recurso de origen y dudosa procedencia, siempre se dijo, provenía de los acuerdos con el crimen organizado allá en Tamaulipas y que tiempo después sentó sus reales en San Luis Potosí, “abrirles la plaza” ese habría sido el acuerdo.

Lo cierto es que ya cayó el primer ex gobernador priista, falta Eugenio, y es probable  que le siga el ex mandatario de Veracruz, Javier Duarte. Si su captura se logra antes de los comicios del siguiente año, el PRI estará recuperando terreno. Por el contrario, si esos ex gobernadores se vuelven ojo de hormiga, el PRI no tendrá un solo argumento que convenza en el 2018.

Todo mundo sabe y atina a decir, que si algún lastre lleva a cuestas el tricolor, es la escandalosa corrupción que se produjo durante el actual gobierno de Enrique Peña Nieto. Esa especie de aneurisma es y será el punto débil y neurálgico de un gobierno que fielmente se replicó en varias entidades del país.

En el contexto local, muchos tienen cuentas pendientes y otros las acumulan. Hablamos de oscuros negocios donde el billete grande rifó durante el sexenio torancista. Si el doctor se enteró y no hizo nada a tiempo, malo, y si lo supo y se hizo el occiso, peor aún, y por lo menos de aquí a las próximas elecciones, varios de los ex funcionarios o ex Alcaldes tendrán que cargar con una pesada cruz difícil de soltar.