AMLO ¿va bien?, o se equivocó

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En este vapuleado país, nuestro querido México, siempre se ha dicho y escrito que la corrupción no se puede concebir como un fenómeno ajeno o aislado, sino que es parte de un sistema político, económico y social semejante a un monstruo de mil cabezas. Su arraigo, alcances y dimensiones, tiene históricas y profundas raíces estructurales que para enfrentarla o acabarla, tienen serias complejidades e implicaciones que inhiben su desaparición.

El presidente Andrés Manuel López Obrador, inspirado en un triunfo electoral inobjetable en el que recibió el respaldo de 30  de los 90 millones de ciudadanos en edad de votar, decidió enfrentar uno de los más espeluznantes nidos de corrupción como lo es y ha sido Petróleos Mexicanos PEMEX. AMLO ya inició y hay consecuencias. Hasta ahora no hay responsables procesados y la indignación ciudadana en varios estados crece por el desabasto de gasolina.

Mal planeado, errores de cálculo, precipitación o improvisación en las acciones en contra del robo de combustible, están teniendo un alto costo político para el presidente de todos los mexicanos, y a lo mejor eso a este país es lo que menos le importa. Le preocupa, sí, el que la falta de gasolina y por consecuencia la parálisis generada en una buena parte del país, venga concatenada de afectaciones  que impactan en los servicios oportunos y en el abastecimiento de “todo”, y hablo de todo es todo, en su interior y exterior.

Hasta ahora, no hay un recuento de los daños causados en una semana por la falta del combustible que permite mover a nuestro país. Nadie se ha ocupado de ello y solamente se han concentrado en cuestionar las fallas de una operación mal planeada y una estrategia fallida en contra del huachicoleo de piso, intermedio o de cuello blanco. Se habla de implicados, de investigaciones y solo eso, nada que convenza a la gente que deposito su esperanza en AMLO.

Quizá el “Vocero de la Crisis”, léase, el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, no ha dimensionado las repercusiones de sus medidas; aplaudibles desde luego cuando entró resuelto a enfrentar y acabar con la corrupción en el país, solo que una mala percepción popular comienza a instalarse y crecer, en cuanto a que  su decisión de gobierno y parte de su gabinete se le salió de control y será complicado, sino es que imposible sepultar al monstruo, a ese sistema corrupto y corruptor enraizado por décadas.

Apostemos todos a que AMLO logre el sueño de millones de mexicanos, empero, a la incertidumbre por sus acciones, y por el anuncio de otras, ayer se sumó la crítica siempre ácida y el nerviosismo de los mercados internacionales, y claro, de los inversionistas gringos que tienen bonos en PEMEX que no dudaron en descalificar a la misión o grupo gubernamental que acudió a Nueva York en donde los gargantones de la globalización, no dudaron en señalar que la estrategia aplicada por AMLO en Petróleos Mexicanos está equivocada y alejada de la realidad que vive el sector energético en el resto del mundo.

AMLO dice y afirma haber sido informado de los actos de corrupción en PEMEX y en otros sectores públicos o de la economía. Yo creo que no, o no lo suficiente, porque desde que supo del resultado electoral del primero de julio, la lógica apunta a que AMLO debió haber profundizado en el tema, de tal suerte, que al 1º de diciembre bien pudo llegar a la silla presidencial con las órdenes de aprehensión bajo su hombro y con un gabinete financiero capaz de materializar su sueño, acabar con la corrupción que tanto corroe a nuestro país. Él dice que va ganando la guerra, pero muchos hoy lo dudan.